Ningún proyecto sectorial es tan revelador de la idea que tengan las autoridades acerca de un país como el de la educación.
Porque en la educación se refleja el país que se tiene en mente, la idea que se tiene de cómo debe distribuirse la riqueza, de cómo se conciben las condiciones de vida para los diferentes sectores de la sociedad. En la educación se reflejan las aspiraciones sobre el desarrollo socio-económico, científico-técnico y tecnológico y, sobre todo, las aspiraciones de libertad e independencia de la patria.
En relación con mis planteamientos anteriores, considero oportuno compartir con ustedes algunos de los aspectos que se trataron en el Segundo Encuentro Internacional de Rectores de Universia que se llevó a cabo la semana pasada en Guadalajara, Jalisco, con la participación de mil nueve representantes de universidades de Iberoamérica y cuarenta y cuatro de otros países. Los acuerdos de esta reunión fueron recogidos en lo que se ha dado en llamar Agenda de Guadalajara que “gira alrededor de cinco ejes”: 1) La universidad comprometida, 2) La universidad sin fronteras, 3) La universidad formadora, 4) La universidad creativa e innovadora y, 5) La universidad eficiente.
Además, la Agenda de Guadalajara recoge “cuatro medidas concretas para el desarrollo del Espacio Iberoamericano del conocimiento”: 1) Un amplio y ambicioso programa de movilidad e intercambio estudiantil con reconocimiento de los estudios profesionales, 2) Un proceso de convergencia y reconocimiento de estudios y titulaciones, 3) Un sistema de evaluación y acreditación de la calidad, y 4) Un programa para el impulso de las redes universitarias de investigación asociadas al desarrollo conjunto de proyectos, a la formación de profesores y doctores y a la trasferencia del conocimiento.
Según milenio.com (martes 08 de junio de 2010), el presidente de Santander, Emilio Botín que es también presidente de Universia, anunció el compromiso de su banco “de aumentar el patrocinio a 600 millones de euros para los próximos cinco años”. Según la misma fuente, posteriormente el banquero precisó que una parte importante de esa inversión se destinará a financiar dos nuevos programa de becas de movilidad, “estos dos proyectos permitirán a 18 mil personas, quince mil estudiantes y tres mil jóvenes investigadores ampliar sus horizontes personales y educativos en otros países”. Al leer estas notas, me pregunto si esos programas de becas de movilidad destinado a ampliar los horizontes personales y educativos, patrocinado por los banqueros, no haya sido concebido para proteger a las mismas fuerzas que perpetúan la situación que se dice querer cambiar.
También José Narro Robles, rector de la UNAM, en su discurso señaló que se necesitan redoblar los esfuerzos para concretar un nuevo modelo de universidad iberoamericana, más comprometida con la calidad académica, innovadora, abierta a la sociedad y al mundo, que ayude a resolver los retos y problemas del mundo contemporáneo. Cuando reflexiono sobre esos planteamientos, sólo advierto la formulación de principios universales de la educación que no abordan los problemas concretos de nuestras universidades y de nuestros países en su estado actual de desarrollo. Pienso que el Rector debería concretar sus planteamientos de modo de dar respuestas a las preguntas que han quedado en el aire: ¿Cuál es el modelo de universidad iberoamericana? ¿Con quién se hace el compromiso de calidad académica e innovadora, acaso con el patrocinador de Universia? ¿A quién vamos a abrir nuestras universidades? ¿A qué mundo se refiere, acaso existe un solo mundo contemporáneo?
Ilustres rectores de Universia: los males que aquejan a nuestras universidades son sólo dos:
1) El Síndrome de la Escuela Bonsái. Sus raíces, troncos y ramas se encuentran sometidas a técnicas de cultivo muy especializadas para que no crezcan, para que no se eleven. Por eso ellas son como miniaturas infantiles de los gigantescos árboles que deberían ser si se les permitiera crecer libremente.
2) El Síndrome de Invernadero. Las universidades son como invernaderos con condiciones artificiales que nada tienen que ver con el entorno. Posen aulas, laboratorios y salas especializadas cuidadosamente climatizadas, con pizarras electrónicas, computadoras y proyectores mientras a través de sus ventanas panorámicas se ven los campesinos manejando azadones y otras herramientas prehistóricas soportando temperaturas superiores a los cuarenta grados Celsius. Pero la existencia de lo real-maravilloso en nuestro mundo no se limita a las condiciones materiales y a los medios de trabajo, porque puertas adentro los profesores universitarios se refieren a realidades concretas en términos del discurso escrito en los libros o llamativamente expuestos en los materiales audiovisuales que le suministran los patrocinadores. Sus discursos nada tienen que ver con la realidad de la región o el país donde se encuentran insertadas las universidades.
Compañeros, esos dos grandes males que aquejan nuestras universidades son consecuencia de las ideas, propias o impuestas por patrocinadores, de quienes gobiernan la mayoría de nuestros países. Nuestras universidades son el reflejo del país que ellos tienen en mente: la idea de cómo debe distribuirse la riqueza, de cómo conciben las condiciones de vida para los diferentes sectores de la sociedad, de sus aspiraciones sobre el desarrollo socio-económico, científico-técnico y tecnológico y, sobre todo, las aspiraciones de libertad e independencia de la patria.
Su compañero, Julio Somodevilla Piñol.
